Corre hacia el centro no hacia el borde

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Corre hacia el centro no hacia el borde

“Huye de las malas pasiones de la juventud, y esmérate en seguir la justicia, la fe, el amor y la paz, junto con los que invocan al Señor con un corazón limpio”. 2 Timoteo 2:22 (NVI)

El ser humano piensa que la santidad es como una barrera que no se debe cruzar. Como la hemos transgredido vez tras vez, hemos bajado nuestros brazos con resignación y optado por aceptar nuestra debilidad y justificar nuestros actos “No es tan malo”, argumentamos. “¡Todos lo hacen! Además no le hago daño a nadie, y por último es mi vida y puedo hacer lo que quiera con ella”. De alguna manera es verdad que santidad implica abstenerse de transgredir ciertos límites impuestos por Dios. Pero esta no es toda la cuestión sino solo una parte. Para ser preciso, santidad a la manera de Dios no es solo una barrera que no debemos cruzar, sino una meta hacia la cual avanzar. Imagínate que te encuentras en la cima de un monte, no quieres caerte, ¿verdad? Pero te arriesgas jugando al “equilibrista” y andas siempre al límite poniendo en riesgo tu integridad y la de los demás. Y cuando pierdes el equilibrio, simplemente te levantas, sacudes el polvo y te resignas diciendo: “¿Qué le hace una mancha más al tigre?”

…Si te has sentido identificado con esta ilustración, considera lo que dice el apóstol Pablo en su primera carta a Timoteo capítulo 6 versículo 11: “Tu en cambio, hombre de Dios, huye de todo eso, y esmérate en seguir la justicia, la piedad, la fe, el amor, la constancia y la humildad”. ¿Lo notaste? “huye del mal pero esfuérzate en seguir lo bueno”. En otras palabras corre hacia el centro de la cima, no hacia el borde. “No me va a pasar nada”. Esa fue y sigue siendo la excusa, de tantos alcohólicos, drogadictos y estafadores que hoy ven tras las rejas (de un calabozo o de su propia alma), pasar la vida privados del disfrute. Dios no es un policía que te dice: “No hagas, no toques, no mires”. Ni tampoco un juez “bonachón” que pasa por alto tu pecado. Él sabe y se acuerda que eres polvo, carne débil, raza caída. Él no disfruta, como otros, al verte caer, lastimado y solo. Te levanta, te perdona y te da una vida nueva y te capacita para mantenerte en el centro, seguro, resguardado y santo para Él.

Santidad no es una barrera para no cruzar, sino una meta hacia la cual avanzar.

Tomado del Libro: "Una pausa en tu vida" de Pablo Martini.

http://bit.ly/una-pausa-en-tu-vida

Dios les bendiga :)


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